CASA SOLLA • EL RESTAURANTE

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Historia y evolución, dos palabras para describir lo que os podéis encontrar al llegar a Casa Solla, la historia que seguimos escribiendo y que empezó en 1961 cuando José y Amelia no solo deciden iniciar una vida juntos, sino también hacer de este Restaurante su proyecto de vida, movidos mas por la ilusión que por el conocimiento en un principio, poco a poco consiguen dar solidez a este espacio, una oferta de producto, como no podía ser de otra forma en Galicia, de elaboraciones sencillas, pero que poco a poco va sufriendo una lógica evolución, inspirada en la gran cocina francesa del momento, arropada por la parte humana de la sala,  con un trato cálido y cercano, próximo pero a la vez profesional.

Es a finales de los años 80 cuando se incorpora la tercera figura que acaba por definir lo que hoy día es Casa Solla, Pepe Solla, uno de sus hijos, entra a formar parte del proyecto de Amelia y José, años de convivencia, incluso de contrastes, y que desde el año 2003 sigue el camino en solitario para continuar escribiendo capítulos de este Restaurante, con el respeto a la historia tanto de sus padres como de Galicia, al tierra que da sentido a todo ello, y la evolución que le inculcaron, el inconformismo con lo que somos, mirando el horizonte y siempre con los valores que sirvieron de pilar a lo largo de todos estos años, producto y cercanía humana.

Bienvenidos a Casa Solla, historia y evolución.


PEPE SOLLA

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"... Y después de unas cuantas vueltas y otros tantos años, aquí estoy; desde que éramos pequeños nuestros padres nos sentaban en una escalera de piedra que comunica la cocina con otra zona del restaurante, nos daban la moña de una bolla de pan y les esperábamos mientras ellos trabajaban... les veíamos entrar y salir de la sala, los pucheros y las ollas humeaban, el ritmo era rápido, en ocasiones acelerado, mientras, nosotros nos entreteníamos comiendo el mollete, a veces nos quedábamos dormidos y después, cuando terminaban, nos subían a cama en brazos, casi ni nos despertábamos; otras veces nos acabábamos todo el mollete y nos daban otro más, aún no había llegado la hora de subir a casa, al final como siempre los párpados se nos caían, y la noche acababa, como de costumbre, en los brazos de nuestros padres; ... la historia se repetía todo el año, pero en invierno la escalera estaba helada y la cubrían con un mantel para que no nos enfriáramos, mientras el lagar de carbón calentaba todo el cuarto que ocupaba la cocina...

No es una historia diferente que la que cuentan todos los que como yo, nacimos en medio de un restaurante familiar, y tras vivir esta infancia, la mitad se alejaron para siempre de él y la otra mitad; como se ve, yo pertenezco a esta segunda; volvimos a él como si formase parte de nosotros, ¿o será que somos nosotros parte de él?.

Quien conozca mi carrera a lo largo de los últimos catorce años así lo habrá visto, yo empecé a formar parte de la historia del Restaurante y él de la mía, y según andábamos juntos, nos integrábamos más cada vez, y nos deshacíamos de banalidades, despojándonos de lo que no era necesario e imprescindible y quedándonos con lo esencial; hablo tanto a nivel cocina como sala, buscábamos la claridad. No obedece ello a la tendencia del minimalismo, tan en boga, sino más bien yo diría sencillez; sencillez que me ilusiona y a veces me aterra, o más bien me asusta el que no se entienda; sencillez y simplicidad no es lo mismo, esencialismo y como en la definición de mi página, estilismo?, eso sí es la línea a seguir; Maite, Alfredo, Marcelo, Josiño...a todos ellos tengo que agradecer su compañía en este viaje, a mis Padres, a mis Hermanos, a José, a Lourdes... al fin y al cabo también nos debemos a nuestro entorno, el paisaje, la despensa y el hombre, ellos también comparten y forman nuestro universo particular, el cual vamos moldeando y a la vez nos moldea a nosotros mismos."

Pepe Solla